SOBRE TANTA COSA QUE SOBRA

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Estación Trasteo, en la que hay que irse a otra parte y cargar con lo propio, pues el espacio debe optimizarse (cada vez nos movemos a espacios más estrechos, es cosa de la sobrepoblación). Y en este trasteo uno se entera de todo lo que tiene y lo que debe comenzar a separar para saber qué hay, qué se necesita y qué sobra, lo que incluye objetos olvidados (libros no leídos por ejemplo) que son de otros, y que quizá, al devolverlos se nieguen a recibirlos porque sus dueños ya también ocupan un espacio donde apenas caben y miran asustados cualquier relleno que les llegue. Y ahí comienza el despiporre porque, separando lo esencial (donde también sobra), el asunto que sigue es qué se regala y a quién, qué se devuelve, qué se bota, qué tiene contenido ligeramente sentimental y qué se rompe para un presunto reciclaje. Así que se llenan las papeleras, las canecas, las bolsas y el cerebro, pues en esto de trastearse hay que tomar decisiones, hacer de tripas corazón y poner cara de loco.

A los largo de este siglo, nos fuimos llenando de cosas en las casas, las oficinas y el espacio público, obedeciendo más a las emociones que a la necesidad. Y en este ir tomando de aquí y de allá, deformando la realidad, pues le dimos más importancia al deseo, de repente nos damos cuenta que, por exceso de acumulación y de codicia, todo comienza a estorbar. El espacio se reduce, los recursos esenciales escasean, producimos una cantidad desaforada y creciente de basura y, esto que es tangible y se amontona, se convierte igual y por extensión, en la forma de pensar y actuar, pues rellenamos el cerebro con muchas cosas inútiles que nos confunden y nos vuelven agresivos. Y no paramos para ver qué sobra, qué no es necesario para entender y qué debemos soltar para no ahogarnos y alterarnos en medio de lo inservible.

Las ciudades, con lo que contienen de más (debido a las malas planeaciones y a la corrupción), son un inmenso basurero en la que abundan las malas disposiciones urbanas, la contaminación constante, el ruido que no para, la movilidad casi imposible y las malas decisiones, que acaban siendo solo remiendos. Y si hubiera que trastear una ciudad, a un espacio menor porque la tierra cada vez está más llena, no sé qué pasaría. Pasa lo mismo con el exceso de trabajo sin planeación, que se parece a la ciudad, con la manía de las agendas rellenas, con el afán de amontonar datos (estamos sobre diagnosticados, pero nada se resuelve) y las creencias escapistas, que siguen incluyendo la codicia. Y así estamos, amontonando, mezclando lo necesario con la exageración de lo que no se necesita. Y...

Acotación: moverse para otro sitio implica descubrir qué no se necesita, qué se bota y qué es realmente necesario. Y Si queremos sobrevivir, hay que empezar a trastear las conversaciones en las que abundan lo que sobra, los proyectos que por falta de simpleza se complejizan, la forma de trabajar sin planear y el uso desmesurado de recursos. Y salir del basurero en el que estamos, en el real y el mental.

Fuente: 
El Colombiano

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Circular No.
062 - 2017
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